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Thursday March 27 2025

A lo largo de la historia el ser humano ha procurado siempre la agrupación con otros humanos, construyendo identidades grupales a medida que se juntaban en comunidades para lograr desarrollos en conjuntos o alcanzar metas en común, un pensamiento que se remonta a miles de años atrás, tiempos cuando la comunicación era únicamente oral y el relacionamiento solo era posible al interactuar de forma directa con otra persona, pero dicho relacionamiento solo se daba con aquellas personas con las cuales se compartía un tiempo y un espacio.

Desde ese punto inicial hemos avanzado mucho en términos de comunicación e interacción, avances como el desarrollo de la palabra escrita, la imprenta y la fotografía llegaron para trascender esos límites, pues los mensajes podían ser plasmados en medios que permitían permanencia a través del tiempo y llegar a lugares muy distantes de su punto de origen.

A partir de allí ya hablábamos de unas nuevas dinámicas más allá de la interacción cara a cara, la identidad del ser humano empezó a construirse por experiencias y opiniones de personas que nunca se conocieron realmente, lo que le permitió al ser humano entablar un tipo nuevo de relación con individuos con los cuales no se compartía el tiempo o el espacio.

Sin embargo, estas interacciones no eran suficientes para hablar de una especie de “comunidad” que trascendiera estos límites, el relacionamiento cara a cara seguía siendo el gran protagonista en la cotidianidad de las personas, pues el hecho de que los contenidos leídos, observados o escuchados no tuvieran una inmediatez ni permitieran retroalimentación, impedía que pudiéramos llamarlo realmente comunicación.

Todo esto cambia en el siglo XX con la llegada de las tecnologías de la comunicación, inventos como el teléfono, la televisión y la radio permitieron lograr una inmediatez en los contenidos que consumíamos, logrando que las personas que tenían contacto con ellos pudieran sentirse identificados más fácilmente y lo tomaran como parte de su realidad, llegando incluso en muchos casos superar la importancia de la interacción cara a cara.

A partir de este punto las prioridades en el consumo de contenido no fueron las mismas, hechos que tenían lugar al otro lado del mundo pasaron a ser más importantes que otros que sucedían a unos cuantos kilómetros de la persona, esto debido a que los emisores del mensaje pasaron a ser los medios locales de comunicación, y eran ellos quienes tenían el trabajo de filtrar el contenido que consideraban de más interés para las personas que lo consumían, logrando así que la atención de las personas se volcara de su comunidad física para interesarse en temas de trascendencia masiva.

Dicho fenómeno aumentó aún más con la llegada del internet, pues esta nueva tecnología nos permitió tener la inmediatez de los contenidos, pero además mayor variedad y diversidad en las fuentes de información, ya no eran los medios locales quienes proveían la información debido a que un mismo consumidor podía obtener información sobre el mismo suceso desde fuentes de diversos países, tendencias políticas, religiosas, filosóficas y otros criterios que le permitieron a la persona de a pie decidir que contenido quería consumir, por lo que ese mundo de información pasó a tener prácticamente la misma relevancia que la realidad tangible.

No por esto podemos olvidar que la esencia fundamental del establecimiento de comunidades es la relación persona a persona, y fue allí propiamente donde llegaron las redes sociales a revolucionar totalmente la forma en la que vemos el mundo, pues se centraron en la interacción individuo con individuo.

Con las redes sociales los contenidos ahora podían ser producidos por personas del común y no solamente por grandes empresas, se logró una trascendencia de las limitaciones espaciales para llegar a un plano de igualdad donde los individuos pueden agruparse de acuerdo a sus metas o intereses sin importar el lugar donde se encuentren las demás personas,  es posible que encontremos más empatía con una persona que se encuentra en otro lugar del mundo que con nuestro vecino, sin importar que las interacciones tengan diferencias temporales, es decir que en la actualidad podríamos hablar de comunidades que trascienden el tiempo y el espacio.

De allí que en la actualidad existan nuevas dinámicas de interacción, solemos hablar más con personas que no tenemos al lado que con otras que compartimos espacio y tiempo, todo porque los gustos e intereses logran trascender limites políticos y geográficos para establecer comunidades masivas a las cuales pertenecemos sin siquiera darnos cuenta, pues cuando vivíamos en Colombia, nuestras películas favoritas se grabaron en Estados Unidos, nuestro museo predilecto se encuentra en París, seguimos la tendencia en moda de Japón y tenemos contacto con personas en Australia, definitivamente estamos hablando de que somos ciudadanos del mundo.

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